Gaman

Gaman
Koinobori

lunes, 23 de marzo de 2020

CROMOTERAPIA





La terapia del color  (CROMOTERAPIA) no es una invención del siglo XX. Este arte se ha cultivado desde la más remota antigüedad en los templos de Egipto, así como en la antigua Grecia, China e India.
Reconocida tardíamente en 1976 como "Terapia alternativa" por la Organización Mundial de la Salud, no presenta riesgo alguno ni contraindicaciones. La cromoterapia nos permite restaurar el equilibrio necesario para alcanzar un estado saludable.
Al ser una terapia holística  trata a cada persona como un todo, actúa simultáneamente sobre los niveles físico, energético y espiritual. Esto la convierte en efectiva para el tratamiento de las más diversas patologías: desde jaquecas, hasta trastornos circulatorios.
La energía que emiten los colores se puede combinar en las comidas diarias, en la ropa que elegimos para vestirnos, en el color con el que decoramos nuestro hogar y en nuestra manera de maquillarnos. De esta manera aprovecharemos sus efectos y ganaremos en vitalidad y mejoraremos nuestra salud física y emocional.

 
Esta terapia alternativa fue practicada por la civilización egipcia, la antigua China a partir de los fundamentos de la Medicina Tradicional China, en la India gracias a la Ayurveda y heredada a partir de ellas al Tíbet y a otras partes de Asia. Los pueblos musulmanes la aprovechaban de forma diversa, y era común que las mezquitas iraníes se utilizaran azulejos con diferentes colores para inspirar el espíritu y purificarlo.
Un caso concreto famoso de aplicación antigua de la Cromoterapia es el del Templo de Heliópolis, que fue diseñado de tal forma que los rayos provenientes del Sol se descompusieran en los siete colores del espectro, para así utilizarlos con propósitos curativos. A partir de la arquitectura se pretendían aprovechar las propiedades de los colores, aunque sin aplicaciones medicinales concretas.
Sin un propósito expreso (por ser considerado pagana) la Cromoterapia fue utilizada en la Edad Media, cuando las Catedrales eran adornadas con azulejos vidriados para tomar los famosos 'baños de sol'.
Hasta aquí la Cromoterapia no era considerada una terapia constituida de forma explícita, sino como un poder curativo difuso e impreciso, que a pesar de aprovecharse no tenía una aplicación directa.
Hacia 1923 el Dr. Alexander Gurvich realizó un trabajo pionero relativo a las propiedades de los colores. Según sus observaciones bioquímicas realizadas sobre células, observó que las mismas se separaban sincrónicamente (mitosis); sin embargo, al separarlas por una barrera de vidrio las divisiones celulares no se daban de la misma forma. Esto lo llevó a concluir que las células emiten irradiaciones propias débiles.
Algunas décadas más tarde, el Dr. Popp realizó un análisis espectral de las presuntas irradiaciones celulares, y comprobó que las mismas van desde el violeta al verde, y aunque estos colores son imperceptibles para el ojo humano, ciertamente las células emiten radiaciones de color.
Dentro del terreno de la bioenergía podemos interpretar estos procesos como parte de la composición energética de la célula. Estas son encargadas de llevar a cabo el reparto energético por todo el organismo, y si podemos armonizar este sin causar anomalías podemos estar prevenidos ante la aparición de enfermedades.
A esto apunta la cromoterapia, a adquirir de los colores las propiedades necesarias para balancear la energía que corre por nuestro organismo. A pesar de que este objetivo tiene una clara influencia por parte de la Medicina China, el objetivo es el mismo en cualquier corriente medicinal que incluya la Cromoterapia: sanar a partir de los colores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario